La iluminación influye en cómo percibimos una habitación y en el ambiente que se crea en ella. Utilizar pocas fuentes de luz y situarlas demasiado altas puede dar lugar a un espacio menos acogedor. Frente a ese planteamiento, distribuir las lámparas a diferentes alturas ayuda a aportar profundidad y a construir un entorno más dinámico.

La propuesta combina tres decisiones: crear islas de luz, diferenciar la iluminación ambiental de la funcional y escoger las fuentes luminosas teniendo en cuenta la cantidad de luz que emiten.

Qué son las islas de luz

Las islas de luz se forman al incorporar varias fuentes luminosas en distintos niveles. En este esquema, la interacción entre luz y sombra contribuye a equilibrar la iluminación y a mejorar el ambiente de la estancia.

Una lámpara colgante situada a poca altura sobre la mesa de comedor puede concentrar la luz y crear un punto focal natural. Junto a un sillón, una lámpara de pie permite definir un rincón de lectura acogedor. Son dos maneras de distribuir la iluminación en relación con el uso de cada zona.

Las lámparas de sobremesa también participan en esta composición. Colocadas en un alféizar, un aparador o una estantería, aportan calidez y armonía. Una lámpara portátil añade flexibilidad, ya que puede cambiarse de lugar según las necesidades.

Este enfoque tiene una presencia prolongada en el diseño de interiores escandinavo, donde la oscuridad invernal forma parte importante de la vida cotidiana. No obstante, las islas de luz también pueden contribuir a crear ambientes acogedores durante el resto del año.

Luz ambiental para crear una atmósfera acogedora

La iluminación ambiental busca dar forma a una atmósfera cálida. Para ello, recurre con frecuencia a fuentes suaves e indirectas, como las lámparas de mesa, las colgantes con luz difusa o la iluminación ascendente integrada.

Su función va más allá de lo práctico: interviene en la sensación que transmite el espacio. Por eso, al plantear la iluminación de una habitación, conviene considerar tanto las actividades que se desarrollan en ella como el ambiente que se quiere conseguir.

Luz funcional para leer, cocinar o trabajar

Las actividades que requieren una iluminación focalizada necesitan un planteamiento específico. Leer, cocinar o trabajar son ejemplos de tareas para las que resulta importante disponer de luz dirigida a la zona de uso.

Entre las soluciones de iluminación funcional se encuentran las lámparas de mesa orientadas hacia abajo, las lámparas de pie regulables y los apliques colocados estratégicamente. Su papel es proporcionar una iluminación adecuada para las actividades diarias.

La luz ambiental y la funcional se complementan: una contribuye a crear la atmósfera y la otra atiende a las necesidades concretas de cada tarea.

Vatios y lúmenes: qué indica cada medida

Al elegir una fuente de luz, es importante distinguir entre consumo y cantidad de luz emitida. Los vatios indican el consumo de energía; los lúmenes expresan la cantidad de luz que produce la fuente. Un valor mayor de lúmenes corresponde a una mayor emisión luminosa.

Aunque anteriormente era habitual elegir las bombillas por su potencia, con la tecnología LED los lúmenes son la referencia para valorar la cantidad de luz. Seleccionar fuentes energéticamente eficientes puede reducir el consumo eléctrico sin comprometer la calidad de la iluminación.

Combinar estos criterios con una distribución a distintas alturas permite abordar conjuntamente el ambiente, la comodidad y las necesidades de uso del hogar.

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Fuente oficial: louispoulsen.com