La iluminación permite crear ambientes y resaltar elementos estructurales y decorativos. En arquitectura e interiorismo, su planificación no se limita a conseguir visibilidad: también interviene en la sensación de confort y en la forma de utilizar cada estancia.
La actividad que se desarrolla en un espacio es el punto de partida para definir su iluminación. A partir de ella, conviene considerar la distribución de los elementos, la intensidad de la luz, la temperatura de color y el modo de accionamiento.
Viviendas: combinar luces para distintos momentos
En una vivienda pueden convivir luz general y puntual, temperaturas de color diferentes y luminarias empotradas, de pared o de suspensión. Estas combinaciones permiten que una misma zona responda a necesidades distintas a lo largo del día.
Los dormitorios y el salón suelen contar con luz cálida y difusa, mientras que en la cocina y el baño es habitual utilizar luz neutra por su carácter de zonas de trabajo. La elección depende tanto de la estancia como de las actividades que acoge.
Oficinas: distinguir trabajo y descanso
Las zonas de trabajo de una oficina requieren una iluminación uniforme que proporcione buena visibilidad. En las áreas de descanso, en cambio, puede recurrirse a iluminación de acento o decorativa para destacar determinados elementos.
Esta diferenciación permite plantear la luz según la función de cada zona, en lugar de aplicar una misma solución a toda la oficina.
Restaurantes: barra, ambiente y mesas
La planificación de un restaurante distingue tres ámbitos: la barra, la iluminación ambiental y las mesas. La barra necesita una luz que enmarque ese espacio y contribuya a atraer la atención de los clientes.
Para el ambiente se propone una iluminación cálida y suave, asociada a una atmósfera relajada y cercana. En las mesas, la luz debe permitir ver los platos sin deslumbrar a los comensales.
También conviene contemplar posibles cambios de distribución. Las luminarias de suspensión suelen instalarse en puntos fijos y pueden quedar descentradas si se recolocan las mesas; por ello, resulta aconsejable plantear una iluminación versátil.
Hoteles: bienestar, lectura y orientación
En los pasillos pueden utilizarse luminarias asimétricas, instaladas a poca altura, con luz rasante hacia el suelo. Esta solución puede complementarse con iluminación que destaque los números de las habitaciones.
Dentro de la habitación se combinan varias funciones:
- Luz general: las tiras de LED con iluminación indirecta permiten proyectar una luz acogedora.
- Luz junto a la cama: los apliques con pantalla de tela contribuyen a crear un ambiente cálido y agradable.
- Luz de lectura: los lectores ofrecen iluminación puntual y suelen ser orientables.
- Luz de trabajo: una lámpara de sobremesa puede aportar iluminación y actuar como elemento decorativo.
- Señalización: una luz con encendido por sensor facilita el recorrido nocturno al baño sin encender la iluminación general.
Comercios: destacar productos y reproducir sus colores
En los espacios comerciales se combinan iluminación decorativa, de acento y general. La primera ayuda a crear un ambiente distendido; la segunda destaca objetos concretos; y la tercera facilita la visión de los productos, sus colores, texturas y acabados.
Aquí cobra especial importancia el CRI o índice de reproducción cromática, que expresa la capacidad de una fuente de luz para reproducir fielmente los colores frente a una referencia natural como el sol. Cuanto más próximo sea a 100, mayor será esa fidelidad.
Exteriores: visibilidad y protección
La iluminación exterior permite mejorar la visibilidad cuando la luz natural resulta insuficiente. Ayuda a orientarse, reconocer obstáculos y mantener seguras las zonas de paso.
Al elegir luminarias para estos espacios, es necesario considerar su protección frente al agua, la humedad y otras inclemencias, además de la función que cumplirá la luz.
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Fuente oficial: faro.es
