También el español Ramón Esteve ha hecho trepar por la pared un ejército de luminarias de policarbonato, como si las nuevas lámparas fueran hojas de hiedra. Así, su modelo Origami, que produce la empresa española Vibia -una de las más audaces y potentes del último salón Euroluce de Milán-, conecta también el mundo de la iluminación con el de la naturaleza y el arte actual. La luminaria se presenta como una pieza de wall art (arte decorativo) capaz de trepar por un muro, interior o exterior, a partir de un único punto de conexión eléctrica. Con dos piezas de policarbonato, iluminadas cada una por un led, la lámpara puede formar infinidad de composiciones y recorridos sin necesidad de empotrar sus piezas.
Más allá de los modelos que buscan transformarse en objetos decorativos jugando con la composición espacial de las estancias, también las antiguas pantallas parecen dispuestas a abrazarse al cambio. O se desgranan, en una suma de lámparas, o tienden a desaparecer. El estudio Lievore, Altherr, Molina ha estilizado un clásico para reducir las antiguas pantallas a una superficie visualmente plana con su lámpara Skan (producida por Vibia). Leve y sin embargo voluminosa, coloreada pero casi invisible, esta luminaria básica demuestra lo que el estudio barcelonés se ha encargado de hacer en todas las empresas donde ha trabajado (de Arper a Andreu World): trabajar con los matices, estilizar, llegar al límite sin necesidad de traspasarlo.








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